Wednesday, August 04, 2010

Mi casa les manda un saludo

La casa se levanta conmigo. En cuanto pongo un pie en el piso, la casa empieza a funcionar. O quizás el proceso comienza antes, aún en la cama, cuando el sueño se va alejando, empiezo a patalear corriendo las sábanas y me dispongo a levantarme. ¿Cómo saberlo? ¿Cómo descubrir si la cama duerme conmigo, abrazándome, o trabaja en forma nocturna, vigilándome, y duerme cuando yo me levanto? Quizás es todo un proceso continuo, los que no trabajan de forma diurna, deben hacerlo de forma nocturna. Jamás habrá forma de descubrir este misterio, aunque el sentimiento de culpa de explotar a la cama no dejándola descansar probablemente sea la mayor consecuencia que salga de estas dudas. 
  Lo importante acá es que la casa se levanta conmigo. No se despierta, porque a ella le gusta madrugar y a veces debe esperar hasta que yo me despierte para poder levantarse. Cuando eso pasa, suelo sentirme un poco incómoda, ya que me observa continuamente hasta que abro los ojos, como un cachorro gigante que espera a su dueño para empezar a jugar. Es mi casa, y al ser mía suele ser un poco impaciente, por lo que cuando no parece que vaya a despertarme, comienza a hacer ruidos molestos para sacarme de mi ensueño. Sí, a veces se vuelve un poco molesta, al fin y al cabo ella depende de mí y yo de ella. 
   Admito que todo esto parecen puros cuentos inventados al azar, sin ningún punto específico, por lo que voy a pasar a explicar cómo la casa se levanta conmigo. No existe una rutina, lo que hago al levantarme depende de qué día sea, qué hora y qué tenga ganas de hacer. Los días de semana me despierto temprano, y entonces lo único que hago es cambiarme, y caminar directo al baño para arreglarme. Si me siento bien, con ganas y tiempo, quizás utilizo la cocina para desayunar, pero nada más. Cuando me voy, la casa me mira con ojos tristes, pero sabe que a la tarde voy a volver. Lo peor es cuando hay tormenta: a ella no le gustan las tormentas. Las escaleras crujen aterrorizadas, la ventana/puerta del patio se mueve azotada por el viento, y todo adentro de la casa parece más silencioso, como temiendo que algo suceda, esperando que pase la tormenta. Pese a esto le gusta que pase tiempo adentro suyo, es así de simple. A la tele le gusta que la prenda, pero odia cuando la dejo prendida y no le presto atención. La computadora ama darme toda la información que necesito y entretenerme tanto, ella se siente la reina de mi escritorio y compite continuamente con los parlantes, la lámpara, los lápices y cuadernos. La estufa trabaja a tiempo completo y a la cocina mucho no me acerco, porque nuestra relación no es tan amistosa como con el resto de la casa ya que no puedo entenderla demasiado. Después están los cargadores de celular, de pilas y el de la computadora. Está el DVD y la vídeo-casetera, que ahora ya no uso más debido a que la tecnología avanzó, como todos sabemos. El placard, el espejo, el toca discos que logré robarle a mi abuela y todas las chucherías de las cuales no puedo deshacerme y me acompañan día a día. 
  Puede ser difícil comprender, y no los culpo, que la casa se levanta conmigo. De lo que si deberían culparse  es de no ver que su casa se levanta con ustedes. Porque es fácil ver a la gente que los saluda y les habla continuamente, pero siempre suelen ignorar a eso que los acompaña todos los días, incluso en sus momentos más solitarios. 
  Saluden a sus casas de mi parte ahora, y muéstrenle todo su cariño para que sepan que las aman solo a ellas y nunca a otra casa. Yo voy a intentar mejorar un rato mi relación con la cocina, y por cierto, mi casa les manda un saludo y les desea buena suerte en el día de hoy. 

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