Tuesday, December 14, 2010

Tarde lluviosa. Un hombre sale de su casa para comprobar que su paraguas está roto. En un arrebato de furia lo desecha bruscamente y se resigna a mojarse al ser demasiado tarde para volver a su casa en busca de otro. La tormenta pasaría o él llegaría empapado al trabajo, pero lo hecho, hecho estaba. No era el momento de arrepentirse, sino de caminar.
 Esa mañana, un padre despierta a su respectiva niña y la obliga a asistir a clases pese a los caprichos insistentes de la misma de quedarse en la cama, ignorando que esa misma niña sufriría un accidente camino al colegio que la llevaría a pelear por su vida en una cama de hospital.
 Una madre joven y soltera respira hondo en un intento de alejar sus problemas, mientras el director del colegio de su hijo adolescente enumera los problemas que el mismo causaba a la institución.
 Exactamente en la milésima de segundo en la que el hombre del paraguas roto ingresa al colegio del hijo de la madre soltera, preguntándose cuándo descansaría de su agitada rutina, la niña hospitalizada pierde su vida, dejando atrás suyo una lista inmensa de oportunidades que ya no podrá desperdiciar o aprovechar.
 El padre llora perdiendo el control de su vida, y no puede concebir volver a sentir otro sentimiento que no sea el dolor de no ver a su hija una vez más. Simultáneamente, la madre suspira pensando todos los castigos que le pondrá a su hijo y si no será su culpa que él sea así. Al levantarse del asiento y salir de la oficina del director, la madre soltera está solo a una vuelta de chocarse con el profesor del paraguas roto y conocer al que ella creería sería el amor de su vida.
 Una persona aburrida, como vos y yo, como cualquier otra, decide hablarle a la escritora sobre algún hecho banal o simplemente curiosidad. La escritora se distrae y se molesta al verse obligada a salir de su historia, más no hay nada que hacer, ya la distrajeron. Hasta entonces no hay problema, sus personajes la esperan y el tiempo se congela, el desastre se produce cuando decide continuar con la historia.
 Olvida solo un detalle inofensivo, pero que lo cambia todo. Olvida que era una tarde lluviosa, y la hace una tarde soleada. Así, el hombre del paraguas roto no se atrasa buscando un paraguas antes de salir para el trabajo. Al no atrasarse, la madre soltera da la vuelta y no se choca con ningún hombre, porque el hombre del paraguas roto había pasado hacía 10 minutos por ahí.
 Paralelamente, la escritora olvida que al no haber lluvia, no se produce el accidente que mata a aquella niña y arruina la vida del padre. Y en vez de organizar un funeral y una serie de hechos vestidos de luto, el padre pasa a buscar esa tarde a la niña al colegio, como si fuera cualquier otro día.
 Y todos continúan como si nada, sin saber que su destino estuvo a punto de cambiar drásticamente por un simple detalle.
 Quizás en algún futuro el padre sufra el dolor de perder a un ser amado, y la pequeña muera inevitablemente pero ya no siendo una pequeña. Quizás en algún momento el adolescente provoque problemas de nuevo y la madre tenga la suerte de conocer al profesor del paraguas roto. ¿Quién sabe? Quizás el destino no pueda cambiarse y todo termine como debe ser... Por ahora, el mundo sigue girando, el reloj sigue avanzando y la vida de todos estos personajes... sigue igual. 

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