Debí suponer que llegaría. Es decir, ¿cuánto tiempo más creía que iba a poder escaparme? Era como una sentencia firmada de antemano, como un destino confirmado. En cierta forma creo que lo sabía, en el momento en el que dije "No pasa nada" una vocecita dentro mío me susurró "¿Y si pasa?". Quizás lo necesitaba, y llegó en el momento exacto. Aunque si nos ponemos a pensarlo, cualquiera diría que tengo mala suerte, que me agarró justo en el fin de semana largo. Yo podría contraatacar a ese cualquiera diciéndole: mejor, así no me voy a perder nada que pase durante la semana. Claro que eso es como una ley de Murphy, cuando vas al colegio y a las actividades normales y rutinarias de tu vida, nunca pasa nada interesante, excepto un par de excepciones a la regla. Sin embargo si te ausentás por algún motivo superior a vos mismo, es como si justo ese día tu ídolo de toda la vida decidió aparecerse en la puerta de tu colegio (o de donde sea que no pudiste ir) junto a tus dibujitos de la infancia, que siempre deseaste que estuvieran vivos; tu banda favorita y, como si fuera poco, un pasaje para que te vayas con ellos, todos juntos de gira por toda una vida. Entonces es cuando te lo cuentan tus amigas y vos desde tu casa gritás: La puta madre, me perdí la oportunidad de mi vida. Pero una parte tuya sabe que si hubieses ido, la oportunidad jamás habría aparecido.
Una vez más me desvié del tema. Me desvié de el gran tema que ahora está sobre mi, o dentro mío. Me desvié como intentando hacerlo desaparecer. No, señores, no sirvió, acá sigue.
Todo comenzó esa noche en la que decidí irme a dormir con el pelo mojado, a pesar de las advertencias. "¿Qué me va a pasar por una vez?" me dije. Lo cierto es que estaba acechándome, y esa fue su oportunidad para empezar a atacar. Atacó y atacó, por dos días seguidos. El miércoles a la noche ya sentía que era inevitable que terminara conmigo. Jueves a la mañana, la emoción del partido me lo hizo olvidar, pero seguía ahí, acechando. Para ella era solo el trecho final. Ese día dormí toda la tarde, yo creía que estaba cansada por levantarme temprano, pero en realidad, era ella que estaba afirmándose a mi. Cuando me desperté lo descubrí: Gripe había llegado, y se había encadenado a mi.
Esperen, que no termina ahí. Las horas que siguieron Gripe se encargó de ir invitando a todos sus amigos. Antes de que llegara Gripe, ya estaba Dolor de garganta. Se ve que había llegado unos días antes para prepararle el lugar a Gripe. La cosa es que después de que Gripe llegó, el primero y más puntual, fue el Resfrío, que no vino solo, sino que vino acompañado de su mejor amigo, Estornudo. Yo no sabía que tan grande iba a ser la fiesta que se me venía encima, pero sabía que no podía ser bueno para mi. Digamos que yo era algo así como la casa, y todos sabemos que después de una fiesta, la más perjudicada es la casa.
Siguiendo con los invitados, la segunda en llegar fue la Tos. No creo que sepan, pero les cuento, Tos ahora tiene pareja, su pareja es Dolor de garganta, que como ya dije estaba hacía unos días en la casa. Entonces cada vez que Tos hablaba, Dolor de garganta estaba atrás, atacándome.
Gripe invitó a Fiebre, pero Fiebre no pudo asistir, porque estaba muy ocupada con otras fiestas y ya se le hacía demasiado venir a esta. Así que Fiebre mandó a su hija, Febrícula. Febrícula al ser más chiquitita que Fiebre, no hace tanto desastres, así que por más que fue la última en llegar, fue la que menos se quedó y la que apenas la sentí.
La fiesta duró un día entero, hasta la noche del Viernes. Después, con una receta de por medio, apareció Amoxicilina dispuesta a terminar con toda la fiesta y todo el ruido que molestaba a los vecinos. Apareció con su uniforme de un bordó medio rosado, y empezó a echar uno por uno a los invitados.
Dejenme decirles que pese a Amoxilicina, y a todo su entrenamiento en la escuela policíaca, Gripe y sus invitados todavía no me dejan en paz. Se decidieron a portarse mejor, pero sigo sintiéndolos adentro mío. La más molesta y más insistente es Tos. Parece que está demasiado histérica. Resfríado y Estornudo le siguen a Tos en molestia, pero parece que estos dos estuvieran jugando a algo simplemente, no lo hacen por maldad.
Yo me dispongo a dejar a mis huéspedes tranquilos, que hagan lo que quieran. Sé que la mejor y más rápida forma de que se vayan es que se aburran por ellos mismos. O quizás no los echo por el simple y sencillo miedo de que una vez que Gripe se vaya, tienda a extrañarla un poquitín. De todas formas, Amoxicilina me ayuda a calmarlos una vez cada ocho horas, y Toblerone llegó para hacerme compañía.
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