Si logramos imaginar un hoy que dure más de las 24 horas normales del hoy real, entonces podrían entender cuando dijera que hoy acepté que todavía no soy. También podrían entender cuando dijera que ayer fui, y hoy soy, y mañana seré; pero el fui que fui ayer y el soy que soy hoy no es igual al fui y soy que seré mañana.
Hoy entendí que no soy pero que al mismo tiempo soy. Hoy supe que soy humano, que soy cuerpo, alma y mente. Hoy supe que todavía no sé quién soy. Sé que seré y que cuando sea mi razón de ser estará completa y me quedarán -porque seguro que así será- menos de la cantidad de vida ya vivida para disfrutar mi vida siendo.
Acepté que si bien sé cómo soy, no es motivo suficiente para definirme por completo. Un cómo varía constantemente, pero un quién debe ser siempre el mismo. Acepté que no descubrí mi escencia, aunque sé que tengo una. Obvio que tengo una, todos las tenemos. Soy partidaria de esa pequeña idea la cual no sé en cuántas cabezas debe crecer, de que todos tenemos una escencia que nos hace ser quienes somos, y gracias a esa escencia es que por más que realicemos un experimento en el cual se expongan dos personas a las mismas condiciones de vida el resultado seguirá siendo dos personas diferentes, porque a mi creencia cada escencia forma una forma de pensar propia e innigualable. No soy una persona paciente, y eso lo sé ya que queda demostrado en mis uñas mordidas, en las tapitas de lapicera masticadas y en que no puedo dejar de mover los pies ni un instante. No soy una persona paciente, y por lo tanto, detesto con mi alma -o mi alma detesta- esperar. Hay cosas y cosas. Cosas que no son necesarias esperar y cosas que por más insoportable que se vuelva requieren de mi espera. Este pequeño ítem de conocerme a mi misma requiere de mi parte una espera constante, una de esas con las que tengo que acostumbrarme a convivir por un rato aunque no nos llevemos del todo bien.
Y este es mi punto, porque todo esto tenía un punto además de repetir fui, soy y seré tantas veces como para que pierda su significado y deje de tener la importancia necesaria como para valer la pena. A lo que pretendía llegar con tantas palabras seguramente innecesarias era a que hoy -y recuerden que hablamos de un hoy no real- acepté esperar y aprender, acepté desprenderme de mi cómo para encontrar mi soy, acepté soportar no ser para que mañana mi seré sea yo y no se convierta en algo o alguien más.
Espero, o no lo hago, que estas letras y su significado sean motivo suficiente para explicar por qué todavía sigo odiando las presentaciones: porque todavía no puedo presentarme.
El día de hoy me limito a presentarme como un seré para que el día de mañana pueda hacerlo como un soy.
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